2011-Colombia-2016

 

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COLOMBIA 2011

 

En el 2011, estuve por primera vez en  Colombia. Mi destino fue Bogotá, estaba haciendo mis primeras armas como consultor internacional.  De un momento para el otro me había encontrado sentado en una  butaca del avión  rumbo a Miami,   producto de hacerle caso a un amigo que me dijo “si te preguntan,  si sabes volar helicóptero decirle que sí, después vemos”. Venia de una racha muy mala  de trabajo, necesitaba  levantar  la puntería. Así fue,  me trasforme en asesor de Tampico Beverage para la Argentina, Chile y Uruguay.  Hasta el día de hoy no me lo explico, en plena época de Robertito Moreno, como una empresa americana quería desarrollar un producto en base   a la importación. Se ve que sus asesores, no tenían muy buena información. Pero mi negocio, no era avivar giles, así que calladito me hice cargo de la representación de la multinacional para el cono sur. Mi primera acción fue muy sacrificada ir a Miami, ese  año  ahí era la  “Sales convention” de Tampico. Era mi presentación oficial ante el staff.

Fueron tres días  a full, mi cabeza podía seguir las conversaciones en inglés, no más de  unos 20 minutos, después todo se mezclaba, solo trataba de poner la cara que entendía todo. Esperaba los break,  para volver a mi idioma.

Pero al final llego el viernes y todos salieron despedidos. Algunos, hasta sin saludarse. Mi destino era Colombia, Humberto, el jefe,  le había  dado Carlos  la función de capacitarme en el manejo de la web de Tampico y mostrarme cual era mi trabajo de campo. Inmediatamente me di cuenta, que lo que estaba haciendo en Colombia no me iba servir para lo que tenía que hacer en la Argentina. Pero me sirvió para conocer el otro Bogotá, la que esta fuera del circuito turística.

Bogotá es una gran ciudad,  a 2630 metros, la altura se siente. Además, casi siempre, cubierta por un manto de nubes, que muy pocas veces deja salir el sol. Quizás ese manto protector , es el que permite la vida. La ciudad está recostada sobre los cerros orientales, el más conocido, MONSARRETE. Un funicular me llevo hasta la cumbre,  de ahí pude ver que la cuidad de pierde entre las brumas. Sus  8 millones de habitantes están hacia el poniente. El centro de la ciudad, está apoyado sobre la base del cerro de ahí salen como rayos,   avenidas; cada tanto aparecen como arcos, otras  que la vinculan, formando un semicírculo. La cuidad estaba en obra, toda  rota,  por la construcción de nuevas avenidas. Ahí conocí por primera vez los metrobus, todavía no habían aparecido en Buenos Aires, después se desparramaron como plaga por toda latino América.

Cuando salí de la ciudad  me encontré con rutas angostas, muy transitadas  por camiones de gran porte, un gran problema la  logística. Me comentaban que había muy pocas rutas, que el tránsito por ellas era peligroso, por su estado de conmoción interna. El transito de pasajeros se hace fundamentalmente en avión. La geografía no los ayuda, las cordilleras la parten en tres tajadas a  Colombia.

En esos momentos estaban firmando el tratado de  libre comercio con EEUU, me preguntaba con todas esas falencias, como iban a competir? Solo quedaba ajustar la variable salarios.

Salvando, lo que puede ser el casco colonial, la cuidad no respeta una cuadricula. Me encontré, en zonas céntricas,  condominios cerrados que podían abarcar varias manzanas, con una sola puerta de entrada,  tiendas,  su propio estacionamiento, y por supuesto su garita de control. Me explicaron que era por razones de seguridad. Venían de años muy duros.

No había alternativa de circulación que no sea por esas grandes avenidas, por lo tanto en las horas picos se transformaban en una locura.

Me toco un fin de semana especial, había elecciones. Pero hablamos de hace más  de 6 años  atrás, no corrían en Colombia los vientos de paz, Ese  día la cuidad estaba tomada por el ejército.  A pocos metros del hotel  tenía un retén, y un gran cuartel donde  la gente votaba. Me explicaron que por razones de seguridad había grandes centros donde se votaba,  no en la escuela del barrio,  como hacemos por estos pagos.

El domingo era mi día libre, fui al  museo de la Esmeralda, pero estaba cerrado por las elecciones. Le  pregunte al guardia si las esmeraldas votaban, pero su respuesta no fue muy agradable, no comprendió mi humor. También encontré la puerta cerrada en el Museo del Oro, pero no le pregunte nada al guardia, estaba armado hasta los dientes, por las dudas me quede callado.

Seguí  caminando,  me lo encontré a “Juan Valdez”(café), por suerte él estaba abierto y me tome un “tinto”. Las diferencias del idioma,  allá es un café  y acá una copa de vino.

No sé cómo fue  mi derrotero, pero termine en el mercado de las flores. Algo espectacular, solo me faltaba una dama a quien  regarle un buen ramo. Me hubiese costado mucho trabajo  elegirlas, todas eran espectaculares. Opte por robarme algunas, sacándole fotos. Lamentablemente, por un accidente informático, las perdí, quizás por solo eso volvería a Bogotá.

Los otros días fueron de trabajo.  Camine todos los barrios, me asombro encontrar en una misma cuadra tres o cuatro tiendas que vendían lo mismo. En mi lógica no podían subsistir, pero lo hacían. Camine los alrededores,  visitamos algunas plantas, mi guía quería vender más tambores de Tampico,  yo ver la ciudad, sabía que lo que se venía en mi país, todo iba  ser muy difícil.

Antes de partir fui  hasta un shopping cerca del hotel,  a comprar algunos regalitos para llevar,  me llamo la atención la cantidad de militares de uniforme haciendo la compra con sus familias. Algo no se ve en la argentina, donde ya casi no hay ni desfiles. Cuando me entere el porcentaje que se llevaban las fuerzas de seguridad del presupuesto nacional, me asombre.

Bogotá me despidió con una lluvia, quizás era la manera de pedirme perdón  por ese domingo frustrado.

 

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Colombia 2016- Cartaguena

 

Este viaje es muy distinto a todos los demás, el objetivo era uno solo,  bucear. El destino la Costa colombiana. Pero también era distinto, me sumaba a un grupo de correntinos, chaqueños  y misioneros a los cuales no los había visto nunca. Mi experiencia, con Buceo Cruz del Sur, en  Bombihas  fue excelente, en los Esteros la pase muy bien. He llegado a la conclusión que todos los buzos son muy buenas personas. Pero esta vez era el único de Santa Fe, pero no arrugue.  Les aclaro que me encantan esas experiencias, es la manera de probarme.

No sé si por cabalero, o porque me queda cómodo, sigo iniciando mis viajes igual. La C verde hasta la terminal de colectivos. Pero esta vez  la “Sube” , me jugo una mala pasada, como un estúpido que no se lleva  bien con la tecnología, la pasaba, y la pasaba, hasta que en un momento ; el display y la voz del conductor  me dijo “no tiene saldo”. Así que ahí me puse a mendigar, “por favor una alma caritativa, que me pague el boleto”. Una señora joven , con un bebe, me dijo yo se lo pago. Me acerque le di un billete de 20 pesos. “Me está dando de más”,  Por favor, si Ud. no me lo pagaba, perdía el bus a Resistencia. Con el vuelto, cómprele unos caramelos a su hijo. El, me miro con una sonrisa cómplice; me quede tranquilo.

Esta vez no partía  hacia el sur o al oeste, ni Ezeiza, ni Rosario, ni Pajas Blancas.  El aeropuerto de partida  era Asunción,  la hora de partida del vuelo  las 6:34, pero del día sábado, mi viaje  había empezado mi viaje   el día jueves 23:00.  Pero dicen “ sarna con gusto no pica”.

La primera  sorpresa me la lleve con  Asunción, como había cambiado, ya no era esa ciudad provincia de los años 80,  cuando estuve por última vez. Ahora es una capital de Nación, son los chaqueños y correntinos los que van a disfrutarla. Ha superado a nuestras ciudades. Con shoppings al estilo del primer mundo.

Después de más de 10 horas de vuelo, cansados , mal dormidos, llegamos a Cartagena a medio día,  me asignaron de compañero de Pieza Esteban (alias Jayro), un personaje muy especial, con una gran debilidad la cerveza . Tuvimos la suerte, fuimos de los primeros en tener la habitación.

Había que descansar, mañana  a primera hora íbamos a bucear. Teníamos dos buceos previstos, uno en un viejo destructor  de la segunda guerra mundial. El buceo en naufragio, tiene un sabor especial, meterse en los recovecos, es como entrar en una casa abandona, con sus historias y con las historias que nosotros nos hacemos. El tiempo nos ayudó.  Nos tocó un día de sol, el color de mar era, ese turquesa que nos hace sentir que estamos en el Caribe.

Las ciudades costeras  del Caribe, todas tienen sus encantos, pero  tienen esa costumbre de querer copiar  a Miami.  La parte de la ciudad nueva  se podría confundir con ella, o con Panamá. Los edificios se pelean por cual ser más alto. Nuestro hotel tenía una piscina en el piso 20, a nuestro lado había torres que nos dejaban petisos.

Por razones fisicoquímicas, no se puede volar hasta después de 24 hrs,  muchas veces puede ser un engorro, pero en este caso fue algo formidable. Nos permitió conocer la ciudad  vieja, exprimirla.

Hace unos años, cuando camine por el casco histórico  de Panamá, me encontré lo mismo  calles angostas,  malecón, la casas con sus balcones llamado coloniales, como los andaluces , con  geranios colgando;  Cartagena es similar.  Esa combinación, caribe, mar calles angostas,  me traían  algunas ideas locas, como la de estar en un estudio de cine, el  de los piratas del caribe. Pero Cartagena  tiene algo más, su ciudad amurallada y su historia. Los cientos de ataques de pitaras, corsarios, franceses e ingleses, creo que me estoy olvidando de los holandeses, hasta los americanos participaron el famoso ataque  del Almirante Vernon.

pata de paloEn nuestra recorrida por la ciudad, nos llevaron a ver un monumento, al pie de la fortaleza, había un viejo al cual le faltaba, una pata un brazo y era tuerto. Blas de Leso, el almirante  Pata de Palo. Nuestro guía comenzó a detallar su historia, el sol nos partía la cabeza, pero la historia empezó  a cautivarme. A Cartagena ya llego en ese estado, las pérdidas de sus miembros y de uno de sus ojos fue en la guerra de sucesión entre la casa de Austria y la de los Borbones. Era tan bravo, como malo su carácter.

Quizás  en castigo, o para sacárselo de encima, lo mandaron a organizar la defensa de Cartagena. El lugar más preciado por el imperio inglés, los corsarios y los piratas del siglo XVIII. Era lugar de la salida de todas las riquezas de Colombia, Perú y Alto Perú. Había sido saqueada varias  veces por piratas y corsarios, entre ellos el famoso Sir Francis Drake, todo esto había llevado a construir una famosa muralla y el castillo de San Felipe.

Mientras sufríamos el sol, el calor y la humedad de Cartagena, el guía  nos contaba como el almirante Pata de Palo, con astucia y decisión ,   con 3000 hombres y seis buques había derrotada  toda una escuadra inglesa con más de 186 barcos y  casi 30000 hombres, al mando  Alte. Eduard Verton. Si hubiese sido un marino anglosajón, estaríamos cansados de verlo en el cine; pero los gallegos no miden.

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La historia era tan fantástica, que inmediatamente pensé  “son solo cuentos del  guía”, intrigado cuando llegue a al hotel le pregunte a Google, como había sido, él me dijo que el guía se había quedado chico.

Al otro día volví, ya con todos mis conocimientos en mi cabeza, sabia como  había hecho la muralla, como se había defendido, la cantidad de  muertos, camine por los túneles, y no les miento empecé a ver los cuerpos al pie del castillo,  sentir su hedor, vi la sangre en los muros. Vi los muertos en combates, los por la fiebre amarilla, vi las infecciones. Fue como trasladarme al siglo XVIII.   Cuantas cosas uno se pierde por no conocer la historia de donde va. En ese momento,  di las gracias de haber nacido en el Siglo XX,  me parece, que hasta las guerras, son más humanas en este siglo.

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Deje el castillo, me introduje en la ciudad vieja. El sol ya se había puesto,  aparecieron las luces,  las calles por la que  algunas  vez  transitaron  los corsarios, estaban llenas por turistas que tenían las mismas intensiones, tomar la ciudad. Los defensores, estaban representados por un montón de puestos de venta de artesanía, bares  y posadas,   tenían los mismos objetivos que los defensores del castillo, vencer a los intrusos,  sacándoles hasta el último peso. Cambio el tipo de  lucha,  pero los objetivos estaban intactos, vencer!!

Me fui metiendo las callejuelas, encontré un convento trasformando en un hotel cinco estrellas. Locales donde se vendían joyas de  las esmeraldas, las que no había podido ver en el museo de Bogotá.  Ahí, Jesie Hoping, la única buzo que nos acompañaba logro sacarle a su compañero un par de hermosos aros.

Seguí caminando la ciudad, descubrí el otro aspecto de Cartagena, el más obscuro.  Fue en centro más importante de la venta de esclavos  de América,  además  el ultimo que se cerró. Veo la plaza grande, como con un estrado,  casi en el fondo, con la posibilidad de un acceso  por la parte trasera de la muralla.  Pregunto y nadie me responde, me dan el nombre actual. Todavía les pesara ese comercio? Las consecuencias todavía se  ven  hombre y mujeres, bien “prietos” , pueblan la costa caribeña. Pero la cara ya no es esa sufrida,  y triste  que se ven en las ilustraciones de la época, sino  una sonrisa y una caminar  rítmico , que nos recuerda algunos pasos de baile de su música. Se ve que su traslado a  América les ha hecho bien.

Al terminar mi recorrido, me senté en uno de esos bares que están alrededor de una de las plazas de la ciudad amurallada. Mis compañeros hablaban, mientras elegían en la carta,  lo que iban  a cenar  y como lo iban acompañar. Yo mientras tanto tenía mi vista perdida,  mi mente estaba como doscientos años atrás  entre los defensores del castillo, los  atacantes, recordado las calles saqueadas los cosarios, como sir francés Drake,  la cara triste de los negros encadenados, yendo a la plaza de subasta. Me interrumpen mis pensamientos una moza  con él “y Ud. señor?”

Muchos podrán decir, este tipo esta medio loco, pero  que son los viajes sino una mezcla de realidades, sueños y mucha  imaginación.

mapa.pngEl puntito rojo es San  Andrés

Colombia 2016- San Andrés

 

Al final llegamos a San Andrés, nuestro destino  como buzos. El tiempo de vuelo, más de una hora desde Cartagena, nos dio la idea de los lejos que estamos de continente.  Cuando más  veo el mapa, menos  comprendo cómo  es de Colombia.

Esta frente a Nicaragua, cerca de Panamá, solo se entiende escarbando en  la historia de la Gran Colombia. Ahí están las razones  del porque  la Corte Internacional  de la Haya se las dio definitivamente, en un fallo de 2007.  Eso sí después, en el 2012, para compensar, le dio la jurisdicción de las  aguas  próximas a Nicaragua. Ya hubo algunos  problemas, entre ambos  países, por la interpretación del fallo.  Se ve que la Corte de la Haya no quiere quedarse sin  clientes, cosa típica de abogados.

El archipiélago está formado por varias islas,  la dos más grandes Providencia  y  San Andrés, esta última  es la más grande, pero tiene  solo 25 Km2.  Solo  nos llevó  menos 45 minutos dar la vuelta a la isla en un  carrito de golf.

Los  65.000 habitantes, concentrados sobre la margen occidental. Donde  se encuentra la mayoría  de los hoteles y el centro comercial. La playa es muy corta; unos pocos metros, solo de este lado, de la margen oriental  es solo roca.

A pesar de todo, cuando levantamos la vista vemos el  famoso mar  de los siete colores. El sol, las diferentes profundidades,  barrera de coral, la tercera en importancia  a nivel mundial,  son las que nos dan todos esos verdes, turquesas y cristalinos   formando  el famoso mar de los siete colores de San Andrés.

Los habitantes y los turistas, 900.000, en el último año, están concentrados sobre esta margen, uno se siente un poco apretado. Además como es zona franca, está llena de negocios que te quieren vender cualquier cosa.  Durante  mucho tiempo fue tierra de contrabandistas.

Providencia mucho más chica, se llega por catamarán o en unos aviones ,de  15 o 20 pasajeros, como los que me llevaban a Isla de Pinos. Cuando vi lo que ofrecía esa isla me quede con las ganas de conocerla. Un sueño más por cumplir!!

La pista del aeropuerto  de San Andrés, casi no entra en la isla,  el mayor avión más grande  que llega es del tipo737. Es tan chico, no hay lugar para estacionar, solo un rincón vemos unos avioncitos  que  llevan a Providencia. Los aviones salen un tras de otro,  hay  casi un puente aéreo con el continente,  Panamá; Cartagena y Bogotá son los destinos más frecuentes.

Dejamos el aeropuerto en una serie de autos viejos, de cuatro o cinco por vehículo.  El viaje fue muy corto ; en minutos llegamos  a Decamerón Acuariun,  nuestro hotel All Inclusive. Son varios bloques de habitaciones que se introducen en el mar, parecían estar  están  flotando. El  balcón de mi habitación, daba directamente sobre el mar.  Creo que si  no estaba en un tercer piso, me hubiese tirado. El mar es tan transparente que uno no puede calcular la profundidad,.

A los pocos minutos de llegar, fue cuando mis compañeros empezaron a descubrir  los beneficios del All inclusive.  Muchos comenzaron a pensar  en cambiar sumergiste en el mar de los siete colores,  por hacerlo  solo en  la barra del bar.

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A pocos metros del Acuarium  estaba Sunrise Beach  Hotel, en las oficinas de la planta baja estaba nuestro operador de buceo. Este hotel tiene su historia, construido por el cartel de Cali, con el lujo que vemos en las series narcos. Materiales exquisitos, mármoles  de Carrara, ventanales inmensos.  Tal era la magnitud de la obra,   que como no tenían una buena playa, hicieron  una pileta olímpica  dentro del mar,  a más de  40 metros costa, hasta ahí aceptable, pero con agua dulce. En una isla donde no hay agua de vertientes, solo se consigue con plantas de desalinización. Empecé a darme cuenta, lo que vemos en las serie de los narcos,  no es exagerado, es lo real. Pero esta vez  les había  salido mal,  el estado colombiano  lo había sido tomado por estado en forma de reparación por los daños ocasionados por el narco tráfico.

Esa historia típica de una serie como “los narcos” me hizo investigar en la realidad  de las islas,  a pesar de su tranquilidad San Andrés como Providencia, son puntos de apoyo logístico  para los traficantes.    Su ubicación estratégica próximo al canal de Panamá, México , Nicaragua y Honduras le permite llegar a todos esos destinos con la droga colombiana . De ahí a Estados Unidos .

La isla me daba tranquilidad, me sentía seguro; pero don Google me dijo lo contrario. Es más me dijo que gran parte de lo que disfrutábamos en San Andrés el producto del derrame de los narcos.  En un momento me empecé a preocupar, pero después me di cuenta  que nosotros como turistas, estábamos muy buen cuidados por todas esas organizaciones. Es importante que no se pudra el Kiosco, los 900.000 turistas al año son una excelente fuente de recursos y blanqueo.

Comencé a investigar  la historia del archipiélago, esas islas como todas las del caribe, la tienen y muy variada. No son como nuestras aburridas pampas. Eran  base de operaciones de piratas y corsarios, para tratar de apoderarse de las riquezas de las colonias españolas. En esa historia, lo encuentro al famoso  Pirata Morgan, disfruto las bondades de la isla, debe haber sido su reducto para tener en  jaque a los galeones españoles y  Cartagena.

Sentado en la barra con la vista perdida en el mar, me pregunte “Qué diferencia hay entre él  y José Urrego Cárdenas, el ultimo jefe del cartel de Cali?” ,  solo el tipo de  merca, pero al final las dos se transforman en el vil metal, en los tiempos de Morgan en doblones de oro, ahora en dólares.

Dejo de los narcos y los corsarios tranquilos, me comencé  a concentrar en lo que venía hacer en ese mar de los siete colores. Las barreras de coral y los buzos son dos cosas que se atraen mutuamente.

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Fueron más de 10 inmersiones, pero una sola de ellas hubiese compensado  mi viaje, el Blue Hole, una falla,  como si fuese una  quebrada, es tan profunda, no  se alcanza a ver el fondo; uno vuela  como un cóndor entre las paredes. Ahí sentí esa sensación que muchas veces me habían comentado los instructores,  “la profundidad te llama”. El pipi de mi computadora me indicaba, que estábamos pasando la profundidad  programa, los 25 metros y  el agua se ponía un poco más fresca, me lo confirmaba.  Hubiese ido más profundo siguiendo ese llamado, pero  me habían dado la responsabilidad que nadie se vaya más abajo. El tiempo de buceo se hizo más corto en la mente, que en el reloj .Me hubiese quedado horas, hubiese repetido ese buceo todos  los días; la sensación de  ser cóndor es la única vez que la sentí.

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