Ecuador 2014-2016

Ecuador, nunca fue un país que estaba en mis planes, lo asociaba a humedad, calor y selva. Quizás tomo un poco de interés en mi conocimiento, con las locuras de Jamil Mahuad,  cuando dolarizo la economía que lo  pusieron en las tapas de los diarios.

Pero la vida, como a Pedro Navajas, te da sorpresas. Cuando  Matias comento sus posibilidades ciertas de su traslado a Cuenca, me corrió un temor por todo el cuerpo. Y surgió la pregunta de siempre. Valdrá la pena el esfuerzo? Pregunta de padre, él , entre ansioso y asustado, preparaba sus bártulos para la nueva aventura.

Todo paso muy rápido, hasta obligo al hermano a apurar su casamiento debido partida-de-matias-2013 partida. El día siguiente al casamiento partimos para Córdoba, y esa misma noche COPA se lo llevo.

Mi primer contacto profundo con Ecuador, fue por Wikipedia, empecé a ver su geografía, los tres países en uno; soñar cuando lo volvería a ver a Matias, era octubre del 2013. Esperaba ansioso sus comentarios, sus fotos. Gracias a  Dios,  las comunicaciones, mail, skype y whatsapp, nos hicieron estar más cerca. Ya me había pasado con Dolores , cuando vivió en España. Que contradicción la distancia ayuda a acercarnos.

En septiembre de 2014, estaba en Ezeiza esperando el vuelo para Guayaquil, la niebla  y  la lucha de AA con LAN, nos dejó en tierra todo un día en Bs.As. Al final,  no se si no tuve suerte , mi pelea con LAN tuvo un muy buen resultado, un voucher de 300 dólares que me ayudo a volver en marzo de este año.

Mi llegada a Guayaquil fue a la madrugada, ni bien salí del aeropuerto, me recibió una masa de aire húmedo y cálido. Trate de recordar todas las instrucciones que había recibido, como preguntar, siempre preguntar antes,  para que no te vacunen.

Cuando llegue a la terminal terrestre (de colectivo) saque un billete de 50 dólares para pagar el taxi, y genere una conmoción.  El chófer,  tuvo que hacer una colecta entre sus colegas  para  darme el vuelto, 45 dólares. A  los pocos minutos estaba sentado en el bus partiendo para Cuenca, el sol estaba a pleno. Fuimos dejando la cuidad para internarnos primero en las plantaciones de caña,  luego plátanos y bananas. La primer parada fue en un puesto de frutas, aprovecharon los vendedores ambulantes para subir, una rosarina, que descubrí que había sido la ex novia de un amigo,  para bajar a comprar frutas, casi la dejan. Subió al bus casi con un cacho de bananas, yo recibí una de ellas. Inmediatamente que partimos, el acompañante de chófer repartió bolsas para los residuos, sino esto se iba transformar en un chiquero.

Después la sierra,  en menos de 50 km estábamos a 4000 metros, entre las nubes. El motor de ómnibus bramaba, no si para que el descanse o nosotros hagamos nuestras necesidades, pero   hizo una parada. Un hermoso mirador, sol, nubes, lluvia todo al mismo momento, cada vez que cruce las Cajas, me encontré con los mismo. A 4100 metros el frío se sentía,  ese calor húmedo de Guayaquil no existía, estaba para un  polar.  De ahí,  había que bajar hasta los 2600 metros que esta Cuenca, dejamos atrás la divisoria de aguas, de ahora en más todos los ríos iban a desaguar en el Amazonas. Enseguida comenzamos a ver verde, plantaciones en terraza, gente trabajando la tierra. Todo lo vago que es el oriundo de la costa, no lo es de trabajador el de la sierra. Ahí no se puede pescar, hay que sembrar. Vi cultivos de maíz  en parcelas de pocos metros cuadrados. Durante todo el descenso  nunca dejamos de ver una casa, son 17 millones de  habitantes  metidos en una superficie diez veces menor que la Argentina, con una importante zona de selva imposible a habitar. Todo para mí era novedoso, me traía a mi mente los alrededores de Cusco.

Mi compañera de asiento era una chola, vestida a la usanza de la sierra, como vemos en las fotos, polleras con multicapas, camisas y sobre sus hombros un abrigo, también,  multi  capas. Pero limpita, sin ningún olor.  Quise intercambiar alguna conversación pero fue imposible, hasta creí que era muda, o no hablaba castellano. En un momento se durmió, o entro en somnolencia. Así fue todo su viaje, pero cuando ya estábamos llegando a Cuenca, de entre sus ropas empezó a sonar un ring tone, vi que mi compañera escarbaba entre sus pendras, hasta que encontró el celular, un Nokia 1100, ahí por primera vez oí su voz. Me quede pensando “que buena propaganda para Nokia, que viene tan golpeada”

En pocos minutos más estaba en Cuenca, en Santa Ana de los Cuatro Ríos de Cdscn0237uenca, en la estación terrestre, una ciudad enclavada en un valle, recorrido por cuatro ríos que terminan en el Tomebamba. Una ciudad que si le sacamos la gente, sin ninguna duda decíamos que estábamos en España. Que locura, estos gallegos venir a fundar una ciudad, en  1557 en medio de las sierras. La locura de oro? la persecución de los incas?. Cuenca es patrimonio de la humanidad, sus calles estrechas, sus balcones  nos recuerdan su ascendencia hispana. La altura de los techos, me recuerdan que sus habitantes son muchos bajos, y que me tengo que agachar. Veo sus caras morenas curtidas por el sol, y sus fosas nasales  doble que las mías. A 2600 metros hay muchos menos oxígeno, hay que respirar más volumen. Lo sentí, y sobre todo es esas escaleras que me llevaban de la ciudad nueva al casco histórico.

Me baje del bus con todos mis bártulos, mire si la caja de vinos, que acarreaba desde hace dos días, estaba en perfectas condiciones. Los otros alimentos que traía, de lo más variados, desde chocolinas, alfajores Havana  hasta salamines picado grueso. El olorcito ya se sentía, por suerte en Guayaquil no había perros, sino mis embutidos hubiesen corrido serio riesgo.

Tome un taxi, le dije la dirección de donde iba, y el chófer no la reconoció. Le empecé a explicar en base a la información que tenia de las fotos y arranco. Paro el auto en una cortada cerca de la Tomebamba, y me dijo debe ser por acá. Baje mis bártulos, coloque sobre la extensión de la valija la caja de vino, me calce la mochila y con la otra mano arrastraba mi bolso rojo, compañero de cada uno de mis viajes. Me sentía casi un pulpo. Con la dirección en la mano, hice algunas preguntas a los parroquianos que pasaban. En ese momento me di cuenta que no me iba ser  fácil entenderme, así que opte por arreglarme solo. Treinta metros y encontré la dirección, presione  el timbre del portero eléctrico, el grito “LLEGUE”

Fin de viaje 2014

 

Mi viaje  se  está acabando, el fin de semana emprendo mi retorno. Fueron días muy intensos. Después de un año de solo tener contacto por mail o skype; el poder tomar un café, el levantarme temprano para comprar el pan, el cocinarle, el descubrir cada uno de los sabores de la cocina ecuatoriana de su mano, el escuchar sus  sueños, sus proyectos,  fueron sensaciones muy intensas;  me sentía  una Irish mámele.  No quedo tiempo para otra cosa.

Los días en la playa  fueron muy lindos, hasta pude un día darme el gusto de bucear, pero el sol, ese sol que quería ver acostarse sobre el Pacifico, no apareció. No si fue por la corriente de Humboldt o la del Niño, pero me lo quede esperando. Ya tenía en mis manos mi mojito, mi daiquirí, mi pisco sour, uno para cada atardecer,  pero me los tuve que tomar sin poder ver la puesta del sol.

regreso-salinas

Pero la vida,  siempre da revancha, cuando empezábamos a subir la sierra de Cajas (4176 mts) para volver a Cuenca apareció  en entre las nubes. No estaba ninguno de los brebajes que tenia pensado acompañar la puesta del sol, pero lo mismo fue impresionante.

En vez del sonido del mar, estaba el bramar del bus,  tratando  de vencer los 4176 metros, las nubes se entremezclaban, generándose un arco iris. Todo cambiaba en cuestión de segundos, era un atardecer móvil.

salinas-3Pasamos el cerro, de golpe  todo se volvió obscuro, solo quedo el bramido del bus. En nuestras retinas, todavía permanecía ese atardecer  inesperado, no soñado, pero espectacular.

Los atardeceres tienen la particularidad de ablandar nuestros sentimientos, en este caso me hizo pensar en todo ese año que había pasado sin  la presencia de mi hijo. Como había sido mi vida, como con las herramientas que nos da la tecnología, había podido incrementar nuestro vinculo. Poco a poco fui recorriendo los días,  los meses, ahí aparecieron ese impulso que represento ganarle a la tecnología china, dos proyectos con el CFI, y muchas otros trabajos que aparte de  aportar pesos a los bolsillos, reconfortaron mi espíritu en un momento que uno esta mas por el bronce que por mangos, eso sí, sin descuidarlos.  Se fueron sumando muchas relaciones, el grupo de buceo, los condoritos, la peña de los jueves, la de Pablo , algunas  nuevas, otras recuperadas, otras fortalecidas y  otras perdidas.

De todas me quede con lo positivo, alguna vez  alguien me dijo que yo tenía mi vida solucionada, en su momento no me salió nada más que negarlo. Hoy entre los cerros, sin la copa que puede ablandar los sentimientos, llego a pensar que si, puede ser muy cierto. Este año  fue un buen año, gracias a todos los que estuvieron acompañándome, pero  fundamentalmente que siempre quise ver lo mejor de cada uno. Es así que pienso que el próximo será mejor.

Cuando en marzo- abril del 2015, en Puerto López, este  apoyado sobre la barra con un mojito, con la vista fija sobre el Pacifico, estoy seguro que veré la mejor puesta del sol de mi vida.

puerto-lopez

 

Chill and grill

 

Cuenca era para mí una ciudad desconocida, es más, tenía más presente la Cuenca de España, que la de Ecuador.  A sus dos mil seis cientos metros,  el oxigeno escasea, los que venimos del llano no nos alcanzan  los glóbulos rojos , así que los primeros días la sufrimos.

La ciudad esta partida por rio Tomebamba, en la margen norte, previa unas señoras escaleras,  la ciudad vieja, y al sur, sin escaleras, la parte nueva de la ciudad. Matias vive ahí, cerquita a la 12 de abril y de unos de los tanto “redondeles” (rotondas).

Todas las mañanas caminaba por margen del rio, era un placer hacerlo acompañado por el ronronear del agua.  Mi reloj biológico seguía  con la hora argentina, mi actividad siempre arrancaba dos horas antes  que la de los lugareños. Mi recorrido,  terminaba en el Parque de la Mujer ,esperando que la panadería abra; una plaza grande con un circuito donde todos corrían o caminaban siempre en el mismo sentido.

Al verlos, recordé la conversación que había tenido con mi padre  un domingo en Concepción del Uruguay, asombrado por que la gente daba vueltas y vueltas a la plaza, después me entere que era “la vuelta del perro”, con mis ocho o nueve años, le dije “con solo caminar en sentido contrario a la misma velocidad que los que están circulando en la plaza.,  en dos cuadras ya conoceríamos a todos”. Creo que en ese momento, después de  ese análisis de velocidades relativas,  mi viejo se dio cuenta que no iba ser médico.

El Parque de la Mujer,  está rodeado por los edificios  más modernos de Cuenca, la Cámara de la Industria con sus doce pisos, a menos de 100 metros el shopping, el Planetario, la única forma de ver las estrellas en Cuenca, una ciudad de nubes constantes. En  una esquina de las diagonales se salen de la plaza, esta un moderno McDonald, con una gran cantidad de mesas en su interior, y en su exterior las clásicas mesas con sombrilla. Todo brillante, limpito, igual al de Londres o al de cualquier shopping.

Por la misma calle  a unos cien metros esta “Chill and Grill”, una hamburguesería, donde he comido la más rica de los últimos tiempos, jugosa, gruesa, rodeada de una salsa intrigante, donde se pueden ver hongos , pimientos, cebollitas y no sé cuantos otros aditivos misteriosos. Todo eso metido un pan de campo crocante,  traído a la mesa en una tabla de madera  a acompañado de unos papines al horno espectaculares, y por las dudas, para que no se escape la hamburguesa, clavada con un cuchillo a la tabla.

La logística mala, mas de 20 minutos, la cola larga, gente de todos lados esperando, los precios más caros  que Mc.

Ahí fue mi despedida de Cuenta, solo  falto una copa de Malbec para empujar todo y hubiese sido la noche. Mientras hacia  la cola, miraba el McDonald, vacio, ni la cajita feliz, ni la Promo de 4.55 U$s, había logrado atraer a comensales, nosotros, como muchos más, ahí esperando que salga nuestro pedido y peleando por una mesa.

No termine mi plato, Matias  lo hizo por mí. Nos levantamos ya era hora de arrancar, mi estadía en Cuenca terminaba. Me acerco al parrillero y le digo , “excelente lo suyo, felicitaciones ahí a una cuadra hay un payaso llorando”, el chileno, con su tonada me contesta “hace tiempo que está llllllllllorando”. Lo miro, me sonrío,  recuerdo donde  estoy, en una nación bolivariana,  y me brotan las palabras del Comandante  Chávez “hemos vencido al imperio” (de la hamburguesa)

Viste en algún lugar del mundo, los payasos de McDonald  lloran, no siempre tienen una sonrisa.

FJM 19-10-14

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s