Cuba 2

 

Ni bien deje mi bolso en la habitación, mi compañero salió rumbo al aeropuerto. Quede en la Habana , solo, pero en el Riviera. Disfrute de la pileta, comencé a descubrir al ron y sus tragos, el verdadero Daiquirí, no esas porquerías que hacen hoy en las barras, el mojito, y muchos otros más. También el ron añejo “on the rocks”.

Pero a la mañana siguiente había que partir para Isla de Pinos, de nuevo el camino rumbo al aeropuerto. No se quien de los dos tenía más cosas que preguntar el taxista, o yo. Yo quería información de Cuba, y el de mi país. Nos conocía por las viejas películas argentinas, que hasta ese día,  se repetían en la Tv  Cubana.

La única vez que en nueve meses, me invitaron  a una reunión familiar en Cuba, tenía atrás mío una señora mayor, que me seguía a donde iba. En un momento me di vuelta y le pregunte “Necesita algo””no”- me respondió –  “simplemente escucharlo, habla como en las películas”.

El taxi volvió a ese bv. cubierto con laureles de jardín florecidos, de distintos colores, eso me indicaba que estaba próximo al aeropuerto. Me baje ,  me dirigí hacia el sector de Cabotaje, el ambiente ahí era totalmente al de internacionales. Lleno de gente, sin tensión, esperando los vuelos. Los  horarios bien gracias, por lo general tenían una demora de una hora, a veces más.

Me dan el bording pass,  me indican el avión. Inmediatamente me doy cuenta que era la versión soviética del Twin Otter, ala alta, no más de 20 pasajeros. Un avión para viajar en condiciones muy adversas, en especial zonas frías. Inmediatamente pensé “por favor que el calor del caribe le sienta bien”. Arriba de ese avión me di cuenta, que mi destino no era morir volando, pase las mil y una. Tormentas, pozos de aire, aterrizajes en emergencia, parada de motor en vuelo. Todavía la recuerdo, venia sentado del lado de la ventanilla,  veo que la hélice   de mi lado se para. Antes de poder ver si la otra funcionaba, el piloto se tira en picada, destraba la hélice, vuelve a arrancar, yo vuelo a respirar. Otro dia aterrizando en Nueva Gerona, mi compañero me habla,  no le contesto, sigo mirando por la ventanilla. Cuando el avión se detiene, me pregunta porque estaba tan tenso y no le contestaba. “es que la rueda del tren de aterrizaje, se había trabado y se estaba prendiendo fuego “.  El avión quedo tirado en la isla varios días, el mantenimiento era un problema serio, los repuestos no abundaban.

Tampoco  me puedo olvidar de ese viernes por la tarde, era el dia que todos queríamos abandonar la isla, para ir a la Habana, ahí podíamos darnos algunos lujos capitalistas. El pequeño “twin otter”, había sido remplazado por un IL de cuatro motores,  viejo, parecía un DC 4. Los soviéticos tenían la costumbre de copiar todo lo occidental, pero a veces no lo hacían tan bien.

Nos dejaron abajo, la excusa fue “Compañeros, hay otros compañeros que van a ver su familia”. No solo usan, sino  abusan, de la palabra compañero. El avión correteo por la pista y muy  de a poco, quizás con la ayuda de los pasajeros,  levanto vuelo. Cuando se perdía en el cielo rumbo a la Habana, nos dimos cuenta que los eucaliptos del final de la pista  les faltaba la copa. La pregunta fue, “Nos subimos en el próximo vuelo?”. Y mi  respuesta fue de ingeniero, “porque no !!! Ahora las copas están más bajas, nuestro coeficiente de seguridad es mayor”. Con mis viajes en avión en Cuba, podía escribir un libro.

Cuando baje del avión en Nueva Gerona, me estaba esperando un chófer del combinado, en un UAZ, jeep ruso, pintado de verde oliva, no los había de otro  color. Motor naftero, se lo sentía bramar cuando  se lo aceleraba, eran tiempos que el petróleo era provisto por la URRS. El recorrido hasta La Cubana, mi hotel y residencia por mis próximos 9 meses, fue corto. Pero al llegar, descubrí que mi alojamiento no estaba reservado. Donde iba dormir esa noche?

cuba-colony-001

Mi  destino fue “El Colony”;a unos 40 km de Nueva Gerona, gracias a este inconveniente lo descubrí, fue mi refugio muchos fines de semana.  Un hermoso hotel de los años  cincuenta, con un muelle viejo, precario, que se introducía en el mar. Hasta hoy,  cuando busco una imagen de paz, recuerdo es muelle.  Al otro día, todo se fue aclarando, mi pieza en la “Cubana”  estaba lista; los pocos minutos instalado. No tenía ventana, solo un aire. Mi ruego fue “que nunca falle”.

Salí a caminar por el pueblo, lo primero que me llamo la atención es que la gente se cruzaba mano cuando yo venía. Me evitaban, no quieran tomar contacto conmigo, era mal visto. Era el primer “cerdo capitalista” que veían,  no estaba bien  establecer lazos con ellos. Norma que rompió, aquel viejo moreno, pelado, que ante el aroma de un Pall Mall, sin filtro, le movió todos sus recuerdos, sucumbió, y me contó toda su vida por “un pitillo americano”.

También puede ver  en cada manzana, un CDR (Comité de Defensa de la Revolución),  si bien cumplían con una función social, control de las vacunas, si los chicos iban al colegio, y otros servicios sociales, el objetivo fundamental era ver si alguno en la manzana se le ocurría algo que pueda molestar al régimen.

Todas las noches salía a caminar,  recorría el pueblo de punta a punta, descubrí los templos de evangelistas, la iglesia católica cerrada, sin cura, la Habana solo mando uno para Semana Santa. Entrar a la iglesia era cosa de “gusanos”, solo algunas mujeres viejas se animaban a ingresar. Muchas  veces terminaba en el “Diamante”, así le llamaban a la cancha de béisbol, viendo algún partido, nunca pude entender ese juego.

A la semana de estar en Nueva Gerona, me llamo el jefe del combinado. Me conto por donde había caminado esa noche, con lujos de detalles. Ahí entendí para que estaban CDR, también el aviso  “te estamos controlando”.

Todas las mañanas antes de irme al Combinado, me cruzaba con “los Pioneros de la Revolución”, era los chicos de  la primaria. 01-panoletas-pioneros-foto-abelrojasParecían unos boys scuots, pero pantalón  rojo, camisa blanca y  pañuelo celeste  al cuello, los colores de la bandera cubana. El lema  en lugar de siempre listo, era “Seremos con el Che”. La formación desde política comenzaba del preescolar. A eso lo comprendía como parte del régimen, pero lo que no entendía,  era que los primeros 30 minutos clase consistía que los pioneros estén sentados en sus bancos quietos, con tareas mínimos, sin moverse. Mi pregunta  fue “pueden tenerlos quietos, y para qué?”, “Para que aprendan a obedecer”, “en todos las escuelas es así? “ “Sí.” Después entendí que el que saca los pies del plato, las pasa muy mal. Y si quiere pensar, termina en un balsa rumbo a Miami, que tampoco es la solución.

La isla tenía otra característica, más de 20 escuelas granjas, en todos ellas  se producirían las toronjas-pomelos- que iban abastecer el Combinado, la planta que nosotros teníamos que armar. Destino final de los jugos  ;  Alemania Oriental, por la “internacional socialista” había que darles jugos a los alemanes para que no salten el muro. La mayoría de estas escuelas estaban habitadas por africanos, era la época de la penetración  de Cuba en ese continente. Pocas  veces los traían hasta el pueblo, pero cuando aparecían eran patotas. Ahí comencé a conocer y a distinguir todos los tipos de morenos, angoleños, etíopes, congoleños  y muchos otros países africanos abastecían las mismas. A pesar de mis pedidos  nunca me llevaron a conocer una, siempre las vi de afuera, desde la ruta. Nunca me lo negaron, la respuesta fue lo vamos a programar. Una manera de decir que no. Muchas cosas en  Cuba, no se querían mostrar, o no se podían, era parte de una mística, de mantener un secreto, de vender que todo el mundo, el que quería saber algo de ellos para atacarlos.

En eso años, a pesar de tener una actividad turística incipiente, a la cual le querían dar empuje, cuando  pedí un mapa de la Habana, me miraron con cara que sea de la CIA.  Recién pude ver  la distribución de la Habana y de la Isla de Pinos, hace unos años gracias al agente “Google Earth”.

Poco a poco me fui internando en la Isla de Pinos,  al año siguiente paso a llamarse la isla de la Juventud, fueron nueves meses que pase en la isla, una hermosa experiencia, con los años la extraño.  A esa edad, descubrir otra forma de vida, fue algo excitante, y con la sabiduría que dan los años, hoy  la valoro más. Claro,  tenía una gran ventaja sobre los cubanos, sabía que el aeropuerto Jose Martí era una puerta  de salida abierta para mí.

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