Buceo

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Era un sábado, un  frio sábado de agosto, salía de almorzar de la casa de mi madre, hace más de tres años, cuando  encontré un volante sobre el  curso de buceo en Regatas.

Para los que crecimos  con la TV blanco y negro, nos han quedado grabadas en nuestra memoria muchas de las series de esa época , Bonanza, el Zorro, Dallas, el Fugitivo, el Santo, entre otras ;  de mi parte siempre soñé con el “Investigador Submarino”. Cuando en la pantalla  de la tele salía “Sea Hunt”, y Mike Nelson  aparecía; mi mente comenzaba a volar por las profundidades del mar, no sé si veía la serie, o soñaba y me transformaba en protagonista de la misma.

Todo eso quedo en mis sueños de niño, olvidado, hasta que encontré ese volante , “porque no? “ me pregunte,  y comenzó una de las experiencias que  cambio mi  vida.

Empezó en la pileta  de Regatas, siguió en la cuba, en la Cantera El Terrible, Bombihnas, Ayangue , Porto Galihnas, las Grutas, Koh Tao, Mancora , los Esteros del Ibera y ya estoy soñando  con el próximo lugar a sumergirme.

Muchos de mis amigos me preguntan el porqué, no lo sé explicar, o tengo muchas explicaciones. Desde, allá abajo con llegan los acreedores, ni los reclamos de mi ex, hasta que en  lo profundo uno se siente cómodo, tranquilo, será que es volver al ambiente acuoso del vientre materno ?.

He formado parte de distintos grupos  buceadores, pero todos parecen cortados por la misma tijera, con muchos de ellos no nos entendíamos en la superficie, hablábamos distintos idiomas, pero cuando nos sumergíamos éramos como viejos amigos. Nos cuidamos, nos protegiamos compartiamos cada metro.

Creí importante contarles  algunas experiencias como buceador, espero no cansarlos, pero entiéndanme cuando yo escribo, vuelvo a vivirnos, es esa una de las razones por la cual escribo, las otras es para que  cuando Agustina y Pedro sean grandes , y  vean al abuelo en una foto o sentado sin hablar en un rincón de la mesa sepan que vivió la vida.

Rumbo a los Esteros del Ibera 25-09-2016

Eran las 4:30 del sábado 24 de septiembre  cuando llegamos al cruce del 123,  con el camino  que nos llevaba al Dorado, una noche cerrada, encapotada,  a pesar de ser luna llena. Hacia cinco horas que habíamos salido de Santa fe.  Un  viento fuerte y frío que nos daba una idea de lo que iba a venir. Habíamos quedado con  Marcelo, encontrarnos a las 7 am, en el cruce. Todavía nos faltaba 60 Km para llegar a la estancia. Lucia insistía en recorrer esos Km de la mano de la tecnología, después descubrimos que su intento  sobre tenía un deseo, una cama. Nos comunicamos con el, recién salía de Corrientes capital,  nos aconsejó esperarlos.

Acomodamos en auto en el cruce, le avisamos al puesto de policía que nos quedábamos  a esperar nuestros compañeros y dormitamos.

Eran las 7 en punto cuando llegaron,  arrancamos en caravana. Después de recorrer  los 60 Km, dentro del monte,  y abrir unas cuantas tranqueras llegamos a el  “Dorado”. Un puesto de la estancia transformado en un petit hotel, modesto,  pero con todas las comodidades. Hasta WIFI, gracias a una alta antena que lo comunica con el sistema de internet para las escuelas rurales que tiene la provincia de Corrientes.

El puesto esta justo en la salida del estero de Ibera, un  extenso humedal  ubicado en el centro de la provincia de Ctes,  con una superficie de hasta 25000 Km2, más grande que países   como Israel, Jamaica , Salvador y muchos otros más. 25000 Km2 donde no vine un humano, donde todo es naturaleza, en ese hábitat  conviven   yacarés, carpinchos, jaguaretés, ciervos de los pantanos, garzas y miles de pájaros.

Justo enfrente de puesto, termina la Laguna de Itatí, y nace el rio Corriente que desagua todos los esteros.  Hoy lo invadimos los 8 buzos, sino es un sitio reservados para los pescadores de mosca con mosca, pero con mucha mosca (en lunfardo dinero), es la temporada baja y no hay pescadores, por eso estamos nosotros . La temporada baja coincide con los meses de agosto y septiembre, meses donde pueden días  ser muy fríos o  cálidos. Hoy nos tocó la primera opción.

El  fondo del río  es de arena y piedra, lo que le da una excelente visibilidad. Su nombre no viene de la provincia, sino la velocidad con que corre.

Ni bien terminamos de desayunar, nos fuimos poniendo nuestros trajes de neoprene, la mano venia tan dura que JC hizo una de las suyas para levantarnos el ánimo. Entre risas  y tiritar de los dientes, caminado entre las ovejas, nos fuimos acercando al muelle.

La temperatura es baja, menos de 15 grados, pero lo que mataba eran las ráfagas de viento de más de 30km. A pesar de eso, con Juan Cruz fuimos los primeros en tirarnos al agua, estaba  caliente, creo que simplemente porque no había viento.

Lo primero  que sentimos , es agua dulce boca,  sin sal, sin esa sal que te agarra los dientes, sobre todos en los mares cálidos,  y el  cambio  del azul  por un color amarillento, pero con buena visibilidad.

Ni bien nos sumergimos salimos disparatados por la corriente, es como ver una película, con la diferencia de los que nos movemos somos nosotros, fueron  como 45 minutos sumergidos, nos recogieron con el bote unos cinco  kilómetros más adelante. Lo bravo vino cuando salimos, el viento no había amainado, para completarlo empezó  a  llover. A Nacho lo sacamos blanco del agua, Lucia tiritaba, Valentina , con sus 15 años, resistía, los otros compañeros no abrían  la boca para no ser maricones. La comida en el quincho, no logro reponer nuestra energía. Solo dos queríamos hacer la segunda inmersión.

Cuando volvíamos hacia la estancia, Marcelo nos quería conformar, adelantándonos   el pronóstico del tiempo para la mañana del domingo.  Un buen chocolate para calentarnos y a dormir una siesta. Los  calefactores a full. Al despertar  nos esperaban unos “chipas”, después la cena ;  fue un cordero a la estaca  acompañado por un buen vino. Con solo eso se hubiese justificado el viaje.

Caí desnucado, era las 6:30 cuando me desperté, estaba amaneciendo, con sol y ausencia de viento. Iba ser el  dia del pronóstico de Marcelo.

Desayunamos  y como  a las 10 ya estábamos en bote, rumbo al rio. El sol brillaba, a las nubes se la había llevado el viento,  desde la cubierta de la lancha se alcanzaba a ver el fondo y algunos de sus habitantes.

De nuevo fuimos los dos primeros con Juan Cruz, hoy el agua estaba  más fría, menos de 18 indicaba la computadora, me costó calentar el traje y regularizar la respiración. Pero cuando nos sumergimos todo cambio, habían prendido la luz, cruzamos cardúmenes de sábalo, cachorros de surubí de más de un metro en los pozos, rayas en el piso, viejas del agua, palometas  y el tigre de los ríos, el dorado, por montones.

Cuando emergimos, miramos la costa por un lado los carpinchos y del otro los yacarés acostados en la playa  tomando sol. Los saludamos y nos quedamos flotando en el medio del rio hasta que la lancha nos venga a buscar, por las dudas.

A 550 km de mi ciudad

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